Archive for the ‘Historia Mundial’ Category.

Aráoz: Reconocimiento a Caral consolida al Perú como gran cuna de civilización cultural

Asegura que pronunciamiento de la Unesco traerá más turistas

Lima, jun. 29 (ANDINA).- El reconocimiento de la Unesco a la ciudad sagrada de Caral como un Patrimonio Cultural de la Humanidad consolida al Perú como cuna de civilización, a la altura de Egipto, y atraerá a más turistas al país, sostuvo hoy la ministra de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Aráoz.
La ministra sostuvo que todos los peruanos deben sentirse orgullosos del reconocimiento de Unesco y remarcó que ello se traducirá en el aumento el flujo turístico en la zona y en todo el país.

“Es un tema fundamental. Los peruanos debemos sentirnos orgullosos y ahora tenemos un compromiso ante el mundo de preservar nuestros monumentos arqueológicos y llevarlos hacia el futuro con orgullo”, señaló.

En ese contexto, saludó la labor de la directora del proyecto Caral, la antropóloga Ruth Shady, por hacer una buena administración y dijo que el Gobierno continuará apoyando ese trabajo.

“Esta identidad de mostrar que somos cuna de la civilización, a nivel de China o Egipto, es fundamental. Es algo que indica que tenemos una herencia cultural que tenemos que preservar siempre”, remarcó en RPP.

Añadió que en adelante, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, el Instituto Nacional de Cultura (INC) y los distritos adyacentes a Caral, tienen que trabajar en forma más articulada para lograr desarrollo y planeamiento territorial adecuado.

Refirió que para ello, también se trabajará con las comunidades de la zona a fin de que su desarrollo no invada los puntos arqueológicos.

La Ciudad Sagrada de Caral, considerada como el centro de civilización más antiguo de toda América, fue declarada ayer como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en mérito a su “valor universal excepcional”.

(FIN) SMA/CCR

Piloto que aterrizó en la Plaza Roja en plena guerra fría cuenta su historia

12:06 | Mathias Rust reconoce que llegó a arrepentirse de aquel viaje. Ahora dice que cree que hizo lo correcto y que su acción contribuyó al final de la guerra

Berlín. (EFE).- Mathias Rust, el piloto alemán que sorprendió al mundo al aterrizar en su pequeño avión cerca de la Plaza Roja de Moscú en 1987, le ha contado su historia al dominical Bild am Sonntag, 22 años después de su hazaña que él ve ahora como un aporte personal para el fin de la guerra fría.

Rust ha regresado a Berlín para ver de nuevo su avión, que ahora está en el Museo de Técnica de la capital alemán, y dice que es como reencontrarse con un viejo amor al que no creía volver a ver jamás.

La idea de volar a Moscú en su avioneta la tuvo Rust, según cuenta ahora, en otoño de 1986, tras el encuentro que tuvieron en Islandia el presidente de Estados Unidos de la época, Ronald Reagan, con el último líder soviético, Michail Gorbachov.

“Yo esperaba mucho de ese encuentro y sufrí una gran decepción al ver que (del mismo) no había salido nada”, cuenta Rust en la entrevista que publica el “Bild am Sonntag”.

Con su gesta, Rust dice que quiso “tender un puente imaginario” entre los dos bloques de la guerra fría, para lo cual desarrolló un plan que lo llevaría a las páginas de los periódicos de todo el planeta y a pasar casi un año en una cárcel moscovita.

El joven piloto aficionado, que entonces tenía 19 años y cerca de 50 horas de vuelo, alquiló, el 11 de mayo de 1987, un Cesna en Hamburgo diciendo que quería sobrevolar el Mar del Norte.

Dos días después emprendió la travesía, para la que llevó, entre otras cosas, una fotografía de su perro para no sentirse tan solo.

El itinerario lo llevó a la isla de Sylt, a Islandia y luego a Finlandia donde hizo un alto de varios días antes de empezar la parte decisiva del plan.
“En Finlandia reflexioné durante tres días si lo que estaba haciendo era correcto”, dice Rust 22 años después.

Sin embargo, tras despegar, el 28 de mayo, necesitó apenas 10 minutos para convencerse de que tenía que hacerlo.

“Al despegar supe que tenía que hacerlo, que era mi destino y que si no lo hacía me lo reprocharía durante el resto de mi vida”, recuerda el piloto, convertido hoy en jugador profesional de póker.

Para el vuelo entre Helsinki y Moscú Rust necesitó cinco horas e hizo el recorrido sin que los cazas de la aviación soviética se interpusieran en su camino para obligarlo a aterrizar.

“Si me hubieran forzado a aterrizar, lo hubiera hecho, yo no era un kamikaze. Lo que quería era llevar un mensaje de paz”, asegura.

Inicialmente, Rust pensó aterrizar directamente en la Plaza Roja pero había demasiada gente por lo que escogió como pista de aterrizaje el puente sobre el río Moscú.

Rust asegura que fue muy bien recibido por la gente que rodeó su avión tras el aterrizaje.

“Les dije que había ido para hablar con Gorbachov sobre la paz. La gente estaba entusiasmada. Nadie estaba molesto”, asegura Rust.

Reconoce que hubo momentos, en los años posteriores, en los que llegó a arrepentirse de aquel viaje, pues sin éste su vida hubiera sido más fácil. Ahora, sin embargo, dice que cree que hizo lo correcto y que su acción contribuyó al final de la guerra fría.

Rust volvió a Alemania en 1988, al ser indultado tras 432 días de cárcel, y tuvo algunos problemas para seguir una vida normal. En 1989, cuando prestaba su servicio civil en un hospital de Hamburgo, hirió con un cuchillo a una compañera.

En ese momento se dijo que Rust había reaccionado así porque la muchacha no había dejado que la besara pero ahora lo niega y dice que su reacción, de la que se arrepiente, se debió a un insulto de la chica.

Ese hecho le costó a Rust dos años de cárcel, castigo que él ahora califica de justo.

Se casó dos veces y sus matrimonios fracasaron. Rust ahora busca equilibrio a través del yoga, aunque siendo un apasionado de los aviones y le gustaría volver a volar a Moscú para aterrizar esta vez en la Plaza Roja, pero “con autorización”, dice.

Fuente: El Comercio

Ohran Pamuk: ‘Mis esperanzas en la humanidad no son los presidentes de EE.UU.’

El turco, premio Nobel de Literatura, dijo que no pierde la fe en que su país forme parte de Europa.

DPA Sábado 9 de Mayo de 2009 11:51
El Mercurio

GRANADA.- Tenía prisa por visitar la Alhambra -”Llevo 57 años esperando por la emoción de verla”, aseguró- , pero antes de hacerlo, el premio Nobel de Literatura Ohran Pamuk charló hoy con los medios sobre sus futuros proyectos, reflexionó acerca de la interconexión entre lo oriental y lo occidental y reafirmó su deseo de que algún día Turquía forme parte de la Unión Europea.

En la tercera jornada del Hay Festival Alhambra que se celebra en Granada, Pamuk explicó que su fascinación por esta tierra se debe a que su patrimonio “es una manifestación del poder de la cultura islámica” y encarna el cruce entre el Islam y Europa, que cobra forma visible en la arquitectura.

No en vano, el escritor turco (Estambul, 1952) quiso en un principio ser arquitecto, pero abandonó la universidad a los tres años para dedicarse de pleno a la literatura. Y esa etapa imprimió su huella: “Allá donde voy me fijo en todos los detalles, desde el aeropuerto hasta la Alhambra”, señaló.

Cuando en 2006 recibió el Nobel de Literatura, el jurado destacó que “en la búsqueda melancólica de su ciudad natal, descubrió nuevos símbolos para reflejar el choque y la interconexión de culturas”.

Una constante en la obra del autor de “Estambul. Ciudad y recuerdos”, que se traduce también en su profundo europeísmo.”Los turcos deseamos ser parte de Europa”, afirmó. “Y personalmente, yo nunca perdería esa esperanza”.

Sin embargo, considera que ambas partes parecen “un poco cansadas del tema”, aunque no pueda culparse a ninguna”.

La Unión Europea está preocupada por su futuro y ya tiene bastante con eso, con definir su carácter. Turquía está preocupada por su democracia, el liberalismo y la libertad de expresión”.

Además, “no es tanto la crisis sino la guerra de Irak lo que ha tenido repercusiones negativas entre la UE y Turquía”, la actuación de Europa en una operación que ha desprestigiado mucho a Estados Unidos entre la población turca. Por eso, aunque medio mundo parezca tener sus esperanzas puestas en el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, el escritor se mostró más escéptico.

“Estoy encantado con su elección”, señaló, recordando que entonces se encontraba en Nueva York, donde anualmente imparte un seminario en la Universidad de Columbia. “Pero no invierto todas mis esperanzas en la humanidad en los presidentes de Estados Unidos”, zanjó.

Croacia: encuentran una fosa con 4.500 cuerpos de la Segunda Guerra Mundial

11:37
Clarin

Las víctimas serían soldados del régimen ustachi croata y unos 500 oficiales del Ejército alemán.Un osario con cerca de 4.500 cuerpos de aliados de los nazis, fue descubierto a unos 20 km al oeste de Zagreb. Según anunciaron medios locales, se cree que las víctimas fueron ejecutadas a finales de la Segunda Guerra Mundial por el ex régimen comunista yugoslavo.

Se trata de seis cuevas situadas en Harmica, en la región de Zapresic, cerca de la frontera entre Croacia y Eslovenia. El análisis de los huesos encontrados demostró que eran de origen humano.

Entre las víctimas se encuentran soldados del régimen ustachi croata, aliado de los nazis, y de unos 500 oficiales del Ejército alemán, según comunicó la página web del periódico Jutarnji List. Un responsable de la antena croata del Comité Helsinki para los Derechos Humanos, Ivan Zvonimir Cicak, declaró al Jutarnji List que las víctimas eran “miembros de la 39° división de la Wermacht, compuesta por soldados croatas dirigidos por oficiales alemanes”.

Esta división se rindió a los militantes comunistas del mariscal Tito cerca de la ciudad croata de Rijeka, a principios de 1945. Probablemente, los comunistas los ejecutaron y arrojaron los cuerpos a las cuevas de Harmica.

La estimación del número de víctimas fue establecida en base a los testigos. Según Cicak, otras fosas de la misma época podrían encontrarse en esta región.

Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de serbios, gitanos y judíos fueron asesinados por el régimen ustachi croata, derrocado más tarde por los seguidores yugoslavos de Tito.

Fuente: Agencias

El ataque a Pearl Harbor pudo evitarse

PERUANO LO ADVIRTIÓ

El Comercio

Una de las imágenes más poderosas de la Segunda Guerra Mundial es la del ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Pero pocos saben (o recuerdan) que ese bombardeo pudo haber sido solo la pesadilla de un soldado estadounidense o la fantasía tanática de un militar japonés si alguien hubiese seguido la pista que aportó Ricardo Rivera Schreiber, un peruano que por esos días andaba de embajador en tierras niponas. En los difíciles caminos de la guerra, las oportunidades se toman o se lamentan. Esto que puede parecer un juego de palabras tiene sentido en la historia del recordado diplomático: fue él quien informó a la autoridad norteamericana en Japón del bombardeo, nada menos que 11 meses antes de que se produjera. Insólito, pero cierto.

Rivera Schreiber pudo haber evitado la más grande tragedia naval de Estados Unidos. La historia salió a la luz pública en 1948, cuando Cordel Hull, secretario de Estado norteamericano, publicó sus “Memorias”. En la página 984 menciona el gesto colaborador del diplomático peruano. ¿Cómo un funcionario latinoamericano en Japón se enteró de la noticia con tanta anticipación? La historia es de novela, pero ha quedado consignada con detalles en una entrevista exclusiva que el propio Rivera Schreiber dio a El Comercio el 8 de febrero de 1949, luego de su retorno de Europa.

Allí precisa que no buscó la información, pues no contaba con los medios para hacerlo ni era su función en el consulado peruano en Yokohama. Revela también que desde setiembre de 1940 sabía, por su jefe de personal doméstico, que un intérprete del consulado que venía esporádicamente “era un miembro de la policía secreta japonesa”. El espía no tenía contacto directo con Rivera Schreiber, pero sí con el valet, a quien revelaba información valiosa. Este, por su lado, transmitía lo que sabía al embajador del Perú.

“Mi valet me dio muchas veces sus vaticinios sobre diversos sucesos de política internacional que, al cabo, advertí que siempre se cumplían”, contó a El Comercio Rivera Schreiber.

Una mañana, el valet le dio una información extraordinaria. Le contó que Japón “iba a la guerra” y que “era poderoso”, tanto que destruiría la “escuadra americana”. Lo dijo varias veces.

“Diez días después, volvió a presentarse muy nervioso y me dijo lo mismo y, al preguntarle yo si la destrucción de la escuadra estadounidense se efectuaría en San Diego (California), me contestó que no, que sería en el centro del Pacífico”, detalló el embajador en el reportaje.

En ese momento, intrigado, preguntó si el intérprete había llegado esa mañana. El valet contestó que sí. La última visita había ocurrido diez días antes, es decir, el mismo número de días que habían pasado desde su anterior vaticinio. Rivera Schreiber empezó a preocuparse, aunque consideraba aún remota la posibilidad del ataque.

La visita del profesor Yoshuda, de la Universidad de Tokio, su amigo personal, cambió las cosas. Yoshuda, un conocido antimilitarista y pacifista, le aseguró que se avecinaba una “gran desgracia que traería para siempre la ruina de su país”. Le dijo que el almirante Yamamoto había trazado un plan para atacar la escuadra americana en Pearl Harbor y que “un simulacro de tal ataque se estaba llevando a cabo —en esos momentos— en una de las islas al sur del Japón”.

Yoshuda aseguró al representante peruano que Yamamoto había preparado incluso a los “aviadores suicidas” y que el plan estaba listo “para entrar en acción sin la menor duda”.

Rivera Schreiber no lo pensó dos veces y decidió comunicarse por teléfono con el embajador estadounidense en Japón, Joseph C. Grew, a quien pidió una cita. Lo consideraba un amigo, o por lo menos se tenían confianza. Era el 26 de enero de 1941.

La conversación fue directa y sin olvidar detalle alguno. El impacto fue tal que Grew envió un mensaje urgente al presidente Roosevelt. “Mi colega del Perú se ha enterado por varios conductos, inclusive uno japonés, que se está preparando un ataque sorpresa a Pearl Harbor, para el caso de un conflicto entre el Japón y los Estados Unidos”, decía el mensaje de Grew. Al día siguiente, Cordel Hull, secretario de Estado de EE.UU., ya conocía la versión del representante peruano.

El embajador Rivera Schreiber contó a El Comercio, en 1949, que hasta allí llegó su intervención. “Naturalmente, no podía ir más allá”, dijo. “Vino luego la precipitación de los acontecimientos y el 7 de diciembre se produjo —ante el asombro del mundo— el ataque a Pearl Harbor, tal como me lo habían vaticinado mi valet y el profesor Yoshuda”, refirió. No podía olvidar esa historia.

En 1949, las investigaciones confirmaron que la Secretaría de Marina estuvo enterada y luego el Estado Mayor, para finalmente llegar al conocimiento del almirante Kimmel, comandante de la flota norteamericana en el Pacífico, quien consideró que se trataba “de un rumor”, nada más.

Los diarios detallaron con asombro las consecuencias de esa desidia. El 7 de diciembre se produjeron los anunciados ataques a Hawái, Filipinas, Singapur y Sumatra. La ofensiva llegó hasta Hong Kong, donde, sin embargo, fue rechazada por las fuerzas aliadas. La reacción militar estadounidense fue rápida, pero las pérdidas marcaron una de las mayores tragedias en la historia de ese país.

Tras el informe oficial de los hechos, el diplomático peruano fue homenajeado por el Senado norteamericano en 1945.

MEMORIAS DE UNA VIUDA
Catorce años después de la muerte del embajador, ocurrida el 25 de julio de 1969, su viuda, Teresa Kroll, hizo una declaración oficial por escrito sobre esta historia. El documento lleva la fecha del 3 de mayo de 1983 y está dirigido al cónsul general de EE.UU. en Lima. Allí ratifica lo dicho por su esposo a El Comercio en 1949 y precisa otras cosas: su confianza en las fuentes, es decir, el valet Felipe Akakawa y Yoshuda; rechaza la incredulidad histórica de algunos autores; señala que su esposo recabó información valiosa durante dos meses y que luego se la comentó en privado al embajador Grew; confirma que servicios americanos descifraron posteriormente cables secretos del Gobierno Japonés a su embajada en Washington, lo que ratificaba los datos de Yoshuda; e incluso sospecha que el mensaje de Grew a su Gobierno no era el mismo que redactó junto con Rivera Schreiber.

Al final de su misiva, la señora Kroll cuenta una anécdota entre Grew y su esposo. Se trata de un breve diálogo que sostuvieron tras la tragedia, mientras viajaban en el barco Asama Maru, que partía de Japón. Rivera Schreiber le dijo a Grew que todo había ocurrido tal como se lo advirtió en enero. “El señor Grew, visiblemente afectado, le respondió: “Sí, efectiva y lamentablemente, pero lo que usted me informó lo transmití el mismo día a mi Gobierno””. Fue una alerta perdida.

Hitler pretendía colonizar la Amazonia

12:24 | Los dirigentes del Tercer Reich estudiaban incluso la posibilidad de hacer emigrar hacia ella una parte de los pueblos nórdicos europeos

El Comercio

Viena (EFE).-Los dirigentes del Tercer Reich proyectaban crear una colonia fundada en los ideales nazis en la Amazonia, y estudiaban incluso la posibilidad de hacer emigrar hacia ella una parte de los pueblos nórdicos europeos, considerados superiores a los autóctonos por el régimen de Adolf Hitler.

Este aspecto poco conocido de la historia del nazismo es el sujeto de “El proyecto Guinea: una aventura alemana en Amazonia”, del historiador alemán Jens Gluessing, del cual publica algunos extractos hoy el diario británico Daily Mail.

La investigación de Gluessing parte del descubrimiento, en una isla cerca del río Jary, de la tumba de Joseph Greiner, responsable del Centro Alemán de Pesquisas, muerto de fiebre amarilla en enero de 1936.

Oficialmente, el Centro dirigido por Greiner se ocupaba de recoger y catalogar especies animales y vegetales en la frontera de la Guyana francesa, pero su verdadero objetivo era del todo diferente.

Según un informe del jefe de investigaciones del Centro, Otto Shulz-Kampfhenkel, en efecto, “las dos regiones deshabitadas pero ricas en recursos naturales más grandes del mundo son la Amazonia y la Siberia, zonas que ofrecen a los pueblos nórdicos la posibilidad de emigrar allí e instalarse con éxito”.

“Para la raza blanca más avanzada (la Amazonia) ofrece posibilidades de explotación extraordinarias”, estableció el científico nazi, pero el jefe absoluto de las SS, Heinrich Himmler, perdió rápidamente interés en el proyecto, probablemente a causa de las ideas expansionistas de Hitler, que terminaron llevando a la Segunda Guerra Mundial.

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