La defensa nacional y la chilenización de nuestra economía
Francisco García Calderón no se dejó avasallar por el invasor y Miguel Iglesias entregó Tacna y Arica.
Arturo Castro Flores
La Razon
Luego de vencer en la guerra de 1879, Chile buscaba quién pagaría la factura de los gastos de guerra, por lo que permitió que una junta de notables de Lima elija como presidente de un Gobierno Provisorio a Francisco García Calderón, bajo el amparo de la Constitución de 1860, instalándose en la Magdalena.
Las autoridades de ocupación quisieron manejar a García Calderón para sus fines estratégicos. El Presidente jamás se dejó avasallar y se opuso tenazmente a la mutilación de nuestro territorio. Lynch lo tomó preso y fue conducido a Chile prisionero y confinado inicialmente en Quillota-Valparaíso.
El vencedor siempre impone su voluntad al vencido, son las leyes de la guerra y el resultado de la Guerra del 79 no sería la excepción. Chile impuso a Miguel Iglesias como presidente y éste aceptó la imposición del tratado de Ancón, mediante el cual Tacna y Arica permanecerían en poder de Chile por diez años, y luego de vencido el plazo, se procedería a realizar un plebiscito en el que los pobladores decidirían su destino.
En 1894 los plazos establecidos vencieron para la realización del plebiscito, en el que los ciudadanos de las provincias hermanas Tacna y Arica, deberían decidir su futuro en los brazos de uno u otro país, en una votación “libre y voluntaria”. Chile impuso las normas que aseguraban la victoria electoral a su favor y por tanto no se garantizaba un plebiscito justo, correcto y honesto.
El plazo de 10 años que contemplaba el Tratado de Ancón se extendió hasta 35 años y durante este largo periodo de tiempo, se inició la chilenización. Así nuevas generaciones nacieron en las provincias de Tacna y Arica, miles de ciudadanos peruanos fueron obligados a abandonar sus propiedades, sus tierras, y desplazarse al norte y al este.
Las autoridades chilenas que habían planificado con antelación, también desplazaron a compatriotas nuestros al interior del territorio chileno y en su reemplazo trasladaron a estas dos provincias a obreros, empleados, funcionarios públicos y la policía secreta chilena.
Han transcurrido más de 100 años de esta infausta guerra y la chilenización ha tomado otros visos, otras vertientes y variantes, ya no es la expropiación de territorios, ni el desplazamiento obligatorio de los nativos de un lugar a otro, hoy es el dinero, las inversiones, la oferta y la demanda del mercado.
Con la economía globalizada, con un TLC firmado con Chile por este gobierno, y que fuera aprobado recientemente por el congreso chileno, las puertas de nuestro país se abrieron a las inversiones chilenas, que actualmente superan los 6,000 millones de dólares.
Hoy es entendible, con mayor seguridad, el porqué y cuáles son las razones para el armamentismo chileno, para la compra de armas de última generación que les dan una ventaja estratégica con relación a todos sus vecinos, particularmente con el nuestro. Han invertido 6,000 millones de dólares en modernizar sus FF AA. Con plena seguridad no será para defender sus intereses en la Antártida, frente a los pingüinos.
Actualmente el poder en el mundo ha cambiado, en el ápice está el poder financiero, luego el mediático, que en la mayoría de los casos es una extensión del primero y en tercer lugar está el político. El peligro radica en que las inversiones chilenas en lugares estratégicos en nuestro país, pueden convertirse en el futuro en “enclaves”, que sin lugar a dudas tendrán un gran poder en el escenario político-económico-social.
Mientras tanto, nuestros gobernantes descuidan la Defensa Nacional, nuestras FF AA esperan pacientemente por su modernización y ponerse en el mismo nivel que Chile, o en todo caso disponer de una fuerza de intervención rápida y disuasiva.
El gobierno sigue con el cuento que se inició con Toledo y continúa con García y aparentemente se ha detenido en un proyecto NUBE, que parece está en las nubes hasta hoy.
Habría que buscar la responsabilidad no solo en los gobernantes, sino en la falta de patriotismo o identidad nacional de todos los estamentos, particularmente de algunos empresarios. Debemos preguntarnos por qué Chile no acepta las inversiones de envergadura de financistas peruanos, por qué solo las actividades destinadas para el servicio, como son los restaurantes.
Parece que solo aceptan a los empresarios peruanos que se dedican a la cocina, diríamos solo para hacer labores como las de las trabajadoras del hogar en nuestro país, nunca se sentarán a la mesa con los empresarios chilenos. La balanza comercial es altamente favorable a Chile, ni siquiera con la venta de Wong se ha podido equiparar.
Chile invirtió más de seis mil millones de dólares en diversos rubros que van desde tiendas por departamentos, hasta electricidad, adquisición de tierras agrícolas y grifos con empresarios peruanos, y le ha puesto el ojo a nuestro principal puerto y al gas de Camisea. Además gracias al vicepresidente de Toledo, controla el transporte por aire con LAN-Perú.
Defensa nacional y desarrollo
Defensa nacional y desarrollo son dos conceptos que tienen una total interdependencia, no se pueden separar, son como los cimientos de una casa, la sostienen. Un país que desea lograr el bienestar de su población, debe mantener siempre, desarrollo y defensa en la prioridad de sus actos y decisiones para seguridad y prosperidad de los peruanos.
Con relación a la denuncia planteada por nuestro país por el diferendo marítimo con Chile, mantenemos el optimismo respecto a la decisión de la Corte Internacional de la Haya, creemos que fallarán a nuestro favor. Estamos seguros que la fuerza de la razón nos asiste.
¿Pero qué sucedería en el hipotético caso que la Corte Internacional falle a nuestro favor y Chile no quiera cumplir con la demarcación definitiva? Nuestros gobernantes no se han planteado esa hipótesis, seguramente ya no estarán en el gobierno cuando esta situación se defina.
Las negociaciones diplomáticas siempre han tenido una base en la capacidad operativa de las fuerzas armadas. Esa es una experiencia histórica que la hemos aprendido desde siempre y que se ha dado en todas las guerras.
Un Estado tendrá mayor capacidad de negociación si dispone de la recta razón, es decir, que su servicio diplomático actúe con sagacidad, eficiencia y astucia, apoyado por la fuerza de unas FF AA debidamente equipadas, preparadas y entrenadas, para la defensa de sus intereses.
Quien piense lo contrario está arando en el mar o remando en contra de la historia. Aprendamos de los errores históricos del pasado, para evitar que se vuelvan a repetir en el futuro. Se debe repotenciar nuestras FF AA con la urgencia debida, no podemos esperar, la brecha es muy grande.
Copyright © larazon.com.pe