Peruanos castigaron a invasores chilenos en la hacienda Sángrar

Hace 127 años tropas del coronel EP Encarnación Vento derrotaron a tropas chilenas

Jesús Ponce Sánchez (*)

La Razon

Sángrar era una hacienda ubicada en el paraje del mismo nombre de propiedad de los familiares del coronel del Ejército, Encarnación Vento Garrido, ubicada en el distrito de Marcapomacocha, provincia de Yauli, La Oroya (Junín), a 4,400 metros de altura sobre el nivel del mar. En este escenario, hace 127 años, las armas peruanas se coronaron de gloria al causar 50 bajas a un destacamento del ejército invasor chileno.

Enterado el teniente chileno Ambrosio Letelier, que allí existía abundante ganado vacuno, lanar, acémilas y riquezas metálicas, dispuso que una compañía del Batallón Buin, al mando del capitán José Luis Araneda, acudiera a dicho lugar para apropiárselas, mientras que el resto de sus tropas permanecía en Casapalca alistando su regreso a Lima ante un urgente llamado del jefe militar de la ocupación chilena, Patricio Lynch, y así lo hicieron.
Los coronel Vento Garrido y Mariano Vergas con 240 efectivos del Batallón Canta, al que se sumaron 60 voluntarios, fueron informados el 25 de junio de 1881 en el pueblo de Culluhuay por el nativo Gregorio Romero, que las tropas chilenas habían ocupado Sángrar. Vento envió una patrulla de exploración al mando del subprefecto Emilio Fuentes y de los oficiales José Bravo, Andrés Hidalgo y Wenceslao Vento, quienes en el trayecto sorprendieron y diezmaron una avanzada enemiga en las cercanías de Sángrar, confirmando de esta manera la presencia de los invasores chilenos.

Vento dispuso atacar al enemigo, para lo cual procedió a dividir a sus fuerzas en tres columnas para arremeter contra ellos en forma de tenaza. La primera estaba encabezada por el capitán Carlos Zuleta y el teniente Marcos Icochea; la segunda por los capitanes Luis Escudero y Victoriano Calderón; y la tercera por el capitán Gregorio Albarracín y el teniente Práxides Gutiérrez. Los invasores ocupaban la casa hacienda e instalados en la capilla, cementerio y establos.

Obligados a fugar
El ataque se inició a las cinco de la tarde del 26 de junio de 1881. Los invasores del Batallón Buin soportaron la ofensiva inicial gracias a que contaban con armamento moderno y abundantes municiones. Los patriotas tenían una firme y resuelta decisión de combate, pero su armamento en verdad era anticuado. Los guerrilleros que los secundaban no disponían de preparación militar, pero por sobre estas limitaciones tenían un profundo amor a la patria y a su territorio, invadido por un ejército extranjero.

La lucha se prolongó por varias horas, en forma sangrienta y dura. La casa hacienda tenía techo cubierta de paja. Vento vio que era una parte vulnerable y ordenó prenderle fuego. Los invasores se dieron cuenta que no tenían alternativa. Si se quedaban serían batidos desde las alturas por los patriotas, porque en las horas de la noche aprovechando la penumbra emprendieron la fuga con dirección hacia Casapalca, donde se hallaba la fuerza principal invasora de Letelier.

Los patriotas consiguieron dominar la situación y recuperar la casa hacienda. En la persecución del que fueron objeto los chilenos, el guerrillero Hermógenes Bao consiguió arrebatarles la bandera chilena y exhibida como testimonio de la victoria peruana.

Para tener una idea del resultado de esta confrontación conviene remitirnos al parte patriota dirigido desde Canta al general Andrés Avelino Cáceres, el jefe de la resistencia nacional, donde se le informan que los chilenos fugitivos sufrieron 50 bajas y dos prisioneros, y que en el lugar de las acciones se recogieron 48 fusiles “Combian” y se recuperaron 800 carneros, que habían sido robados a la hacienda Sángrar.

Balance
Los patriotas tuvieron 10 bajas, entre ellos los valerosos alférez Julián Clímaco Falcón, José Molina, Doroteo Medina, José Mercedes Valdez, entre otros; y resultaron heridos: el subprefecto Emilio Fuentes, capitán Victoriano Calderón, subteniente Pedro I. Patiño, combatientes Bernardo Igreda, José Huayanay y seis soldados.

El jefe de los invasores, Ambrosio Letelier, trató de minimizar la victoria de los peruanos reportando que se había tratado de una emboscada a un destacamento pequeño de 79 efectivos que había sufrido solamente 17 bajas y ocho dispersos, pero lo cierto es que habían sufrido una aplastante derrota.

Resulta oportuno mencionar que el destacamento liquidado en Sángrar correspondía a una expedición de 1,392 efectivos chilenos al mando del teniente coronel Ambrosio Letelier, destacados por el jefe de la ocupación militar chilena con la finalidad de cortar toda ruta de apoyo a las fuerzas de Andrés Avelino Cáceres, que se había hecho fuerte en el Valle del Mantaro y extendía su influencia a toda la región andina.

Letelier tenía la expresa misión de exterminar cualquier intento organizativo de sumarse a los resistentes de la Breña, para lo cual salió de Lima, hizo escala en Chicla, continuó a La Oroya, Tarma, Cerro de Pasco, Huánuco y Jauja, dejando guarniciones en cada una de ellas.

Tiro por la culata
Pero, Letelier se dedicó, preferencialmente, a imponer cupos de guerra, robar ganado, saquear haciendas, esquilmando a los hacendados de esas localidades e incendiando los bienes de quienes se negaban a someterse a sus latrocinios.

Los propietarios de las haciendas, varios de ellos extranjeros, consiguieron la intervención de representaciones diplomáticas ante Lynch para que cese la exacción que venía realizando Letelier.

El jefe de la ocupación chilena, que no había recibido de Letelier ningún reporte de las riquezas que venía acumulando por los robos, y seguramente más indignado por este hecho que por las quejas, ordenó su retorno inmediato a la capital peruana. Letelier trató de justificar sus abusos y arbitrariedad y encubrirse con falsos informes de combates victoriosos contra los insurrectos peruanos, que no habían ocurrido.

Precisamente, cuando emprendía retorno a la capital, Letelier decidió efectuar la incursión en Sángrar, con la finalidad de hacerse de más riquezas, pero le salió el tiro por la culata.

Una vez que retornó a la capital, Letelier fue sometido a investigación por Lynch por no haber podido dar cuenta de los cuantiosos robos realizados en su expedición por las provincias andinas, pero no por los abusos cometidos en agravio de las poblaciones asoladas, y castigados con seis años de prisión.

Letelier fue enviado de retorno a Chile y una vez llegado apeló a la justicia de su país, pero ésta terminó por absolverlo y rehabilitarlo.

Paralelamente a estos episodios, el jefe de la Breña, Andrés Avelino Cáceres, continuaba con su ofensiva contra las tropas chilenas, sumando victorias sucesivas, hasta expulsarlos del Valle del Mantaro.

En memoria del sacrificio de los peruanos en Sángrar, los ciudadanos de las poblaciones involucradas en la victoria sobre los invasores, han levantado un “Monumento a los Héroes de Sángrar, hecho por el escultor nacional Luis Cossi Salas, reconocido discípulo del sabio y padre de la arqueología peruana, Julio C. Tello.

(*) Abogado e historiador

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